domingo, 8 de diciembre de 2019

Mensaje a la Nación de este Blog


Me gusta decir que siempre he tenido una inclinación natural por las letras, lo cual, por más que me guste decirlo, realmente no creo que sea cierto. Lo que sí es un misterio es cómo desde pequeña ciertas situaciones me fueron empujando a ese camino. Bien, las personas que me conocen saben que lo que -por ahora- admiro más de las obras de literatura es la creatividad del autor, esa capacidad de crear cosas novedosas, únicas, que difícilmente a alguien más se le puede ocurrir (aunque debo decir que a veces suceden sospechosas y legítimas coincidencias; en serio, me he topado con algunas de ellas). En fin, estas personas que me conocen saben que existe un libro que ha sido muy importante para mí y que ha tenido -y sigue teniendo- una influencia enorme sobre mis trabajos literarios. Quizás sea porque es un libro genial, quizás porque llegó a mí en una época en la que era ingenua y fácilmente impresionable; la verdadera razón no es relevante para los fines de esta entrada; ese libro es "Rayuela", de Julio (ajá) Cortázar. Le debo mucho (y me debe unas cuantas también), así que he decidido embarcarme en la arriesgada tarea de analizarlo bajo el lentes subjetivo y desastroso de mi nivel de escribidora. Posiblemente renuncie en el primer intento, salga corriendo en la primera línea o caiga enferma en el proceso, pero mi vida va pasando y siento que antes de abandonar el mundo debo hacerlo. Sí, creo que se lo debo, no sé si al libro en sí (porque a veces se me ocurre pensar que las novelas tienen una vida propia, totalmente independiente a la del autor), o a Cortázar, o qué sé yo. Es el momento y lugar preciso, es lo que a mi manera de ver lo justifica, o por lo menos así me parece en esta madrugada. Antes de enloquecer más, creo que lo mejor que puedo hacer por mí misma es irme a dormir en el acto. Sólo queda precisar que publicaré mis análisis según vaya avanzando. Quién sabe, quizás algún día alguien los encuentre en el mar de la internet y le ayude en algo.

Fin ( o "***", como lo escribiría Cortázar).

domingo, 14 de julio de 2019

Are you ready?


Es de noche. Tengo frío, visiones y sentimientos encontrados. Me siento fatal. No sé cómo pasó, por qué lo hice, aunque casi sospechaba que podía terminar así. Soy experta en comportarme como una imbécil. Ahora me estoy escondiendo del mundo, reduciéndome a mi mínima expresión, básicamente porque soy cobarde y no me atrevo a mirar a la cara y pedir disculpas por más que en verdad lo sienta, y en serio que lo siento mucho. Formas en la oscuridad que me hacen señas, son cosas que pasan… aunque debo reconocer que las visiones se hacen presente en reducidas ocasiones. No necesito que nadie me torture al respecto, yo me encargo perfectamente de hacerlo e igualmente no aprendo la lección. He adquirido bastante experiencia sobre esto y sé que no podré escapar. Más temprano que tarde deberé pagar por las consecuencias de mis actos y también de mis inacciones. Lo sé, claro que lo sé, por supuesto que lo sé. Estoy lista.

viernes, 31 de mayo de 2019

Imposible


Me pregunto qué rayos estoy haciendo ahora. Se supone que iba a dejar el tema completamente de lado. “Imposible”, esa es la palabra.

Sufro. Lo que siento por ti… jamás lo sabrás, nunca lograrás verlo en mi rostro, en el brillo de mis ojos, ni en mi trato. Tan naturalmente ciego, no puedes ver todo lo que sucede en mi interior.

Pienso en “matar el amor”, aunque no tenga ningún sentido. No se puede matar un imposible. Dejar de mirarte de esta forma, es lo que debería hacer, en vez de intentar conquistar tu corazón en el silencio de los días. ¿Para qué agravar mi situación, si todo está en mi contra?

Y pienso nuevamente en matar el amor, matar mis sentimientos. No quiero ser una asesina, solo quiero… hacer lo correcto, y lo correcto es dejarte ser feliz con otra persona, porque de eso se trata el amor, aunque sea un amor imposible: de buscar la felicidad de alguien más que no seas tú mismo.

martes, 6 de noviembre de 2018

Qué tipo

Dedicado a E.M.


Y cosas como esas todos los días...
Tanto dolor, tanta incomprensión, tanta impotencia,
más que sentimientos: realidad, tierra, sangre y amor.

Sé lo sufrido, tus horas de contradictoria reflexión,
preguntas sin respuestas, insomnios caóticos,
creaciones y más creaciones sometidas al tacho de basura.

Por si fuera poco, creer que no vale la pena,
que no llega a cubrir expectativas.

Tu frío llanto pasado y ahora el placer de la derrota.
Ya no queda más ¿verdad?, ya no queda nada.
Diversión melancólica y una risa que termina siendo una promesa.

No, no hay redención,
pero esa mirada, esa mirada...
renuncia total a la razón.

Pero ¡cómo sientes! ¡cómo vibras!

Caprichoso.
En el fondo conoces tu grandeza,
tu capacidad de inmortalidad.

Eres todo un caso.
¿En qué termina esto, eh? ¿En qué?
Resulta difícil creer en tu aparente renuncia.

Está bien, balancéate en este juego, es lo justo.
Dejémonos arrastrar y luego pensemos.

Recuerdos de la infancia entonces,
de la ignorancia más pérfida.
Es un fin y el principio de algo mucho mejor.

Qué estuvimos haciendo todo este tiempo...
Por Dios, cuanta falta de argumentos, cuanto vacío,
y en el medio tú, resplandor distante,
buscando hallar el inminente escape.

Todos los elementos en su lugar,
y por qué te entregaste a la ubicuidad del tiempo y el espacio: La vida...
y no me llevaste.

No trates de engañarme, no seas ridículo,
solo ayúdame a aceptarlo, ayúdame a cruzar hacia tu lado,
hacia esa orilla de incompatibles y abstracciones,
de absurdos deseos y sueños ya sombríos por el tiempo,
que destellan de nuevo cuando mueves la cabeza al compás.

Permíteme introducirme en tu misterio,
en tus celosas hipótesis y conclusiones.
Quiero ese bienestar lacerante,
ese éxtasis lamentable que percibo en ti.

Por favor, es hora,
antes que las afirmaciones y las voces me corrompan,
me confundan y alejen de ti,
me pierdan en la niebla del olvido.

Y tú tocas la guitarra y cantas...
miras al público, me miras a mí y no me ves...
pero comparto tu aflicción, tu sentir más profundo,
tus deseosas esperanzas,
tus intenciones de salvación.

No, no es tristeza, no es alegría,
¿qué es esa expresión en tu rostro?
Es una mezcla atroz, tierna y dulce de todo lo anterior.
Y sin embargo no hay odio ni rencor, ni resentimientos en tus ojos...
solo tranquilidad, solo tú...

Y pareces decir:
“Después de absolutamente todo,
aquí estamos...”

sábado, 22 de septiembre de 2018

Como dice la canción (2)

Como dice la canción: "¿Quién te cortó las alas, mi ángel?, ¿quién te arrancó los sueños hoy?, ¿quién te arrodilló para humillarte?... ¿por qué lo permitiste, ángel de amor? Déjame curarte, vida, déjame darte todo mi amor...".

martes, 18 de septiembre de 2018

El misterio

Supongamos que lo que escribo en este blog sea literatura (con todas las más sentidas disculpas del caso para los literatos de verdad), supongo que como soy escribidora puedo darme la libertad de decirlo y es de suponer que finalmente mi condición anule todo lo que escriba, de modo que estoy autorizada para continuar con mi conciencia en paz.

Usar la literatura para explicar la literatura… me voy a arriesgar.

Haber, la literatura es un arte precioso, mágico, que nos conmueve, nos permite expresar contextos, mundos, realidades, sueños y hasta abstracciones, pero luego de eso, detrás de eso, ¿qué?, ¿qué? Nada, conjunto vacío. A veces me pregunto si es correcto que eso sea todo, si acaso no lo estamos desnaturalizando, tergiversando, desvirtuando, deformando. Para mí la literatura, para que termine de explicarse, debería tener un propósito más elevado, algo así como los relatos con moraleja, te dejan una enseñanza.

Haber, empiezo de nuevo: Yo escribo porque se me da la gana, porque nace de mí, es como un impulso incontenible, siento que puedo escribir lo que sea, pero si no tiene un objetivo, ¿de qué sirven tan hermosas palabras? Por eso no creo que la literatura se baste a sí misma, que sea capaz de justificarse en ella, que se baste para valer, no lo concibo. En cambio, si pienso en la literatura como un arte para un fin, me satisface a medias, porque de ello sigue ¿para qué fin?.

¡Atención!: Sin embargo, la literatura sigue y seguirá siendo un misterio dentro de la naturaleza del ser humano, porque proviene de un misterio mayor y está al servicio de este: es la forma más sencilla de argumentarlo, de darle consistencia infalible, y ni aún en mi puesto de La Escribidora me atrevo a contradecirlo.

Kelly, ¿y el misterio mayor? Es Dios.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Tregua

Aquí estoy, finalmente, (“después de todo, después de tanto”) cansada de estar cansada, porque uno puede llegar incluso a cansarse de estar cansado.

Estoy aquí, en las alturas, atraída por esa voz silenciosa que cada cuanto me llama hacia esta dirección y me invita a una tregua. El cielo poco más alcanzable, los edificios y las autopistas debajo, me alivia. Es extraño, no logro descifrarlo. Detrás del cristal, sobrecogida, me limito a observar, expectante y al mismo tiempo sin la menor idea de nada. Ni siquiera sé bien lo que quiero decir, pero igual deseo intentarlo: Luego de varios días más la suma de otros años desorientada, viviendo dentro del caos de las exigencias y presiones, impulsada por la confusión a veces autogenerada, producto de la inercia de lo cotidiano, etcétera, con solo mirar este paisaje mi mundo se detiene, e inclusive todo es menos malo, hasta mis metidas de pata. Veo esperanza, cosas hermosas y un futuro brillante.

En serio pienso que es Dios hablándome desde otro plano. En este momento no tengo la menor duda de ello. Claro, lo más probable es que mientras baje por las escaleras o por el ascensor olvide por completo lo que pasó y vuelva a la frenética carrera del día a día, por eso lo escribo, para recordar que, aquí, desde las alturas, Dios me ha mostrado la verdad una vez más.